jueves, marzo 23, 2006

El arte de traducir

¿Cómo llegue a ser traductora?, mi historia de cómo llegue a esta linda profesión es algo que yo nunca me habría imaginado cuando niña. De pequeña cuando me preguntaban qué quería ser cuando grande, en mi mente imaginaba lo clásico: una bailarina de ballet, actriz de teleseries, hasta astronauta.

A medida que pasaron los años, me empezó a gustar en serio eso del espectáculo me gustaba mucho bailar con mis amigas, haciendo coreografías de Xuxa (me juraba una paquita) y obviamente las coreografías de New Kids On The Block me las sabía de memoria. Pero no fue hasta cuando estaba en séptimo básico cuando me di cuenta que lo que realmente me gustaba era el teatro. Durante muchos años anduve metida en grupos de teatro y realmente me gustaba mucho y sentía que tenía pasta para eso.

No obstante, cuando la enseñanza media ya se acababa vino la pregunta que tantas veces había escuchado cuando niña, con la diferencia de que ahora era en serio. "Carolina, ¿qué vas a estudiar?", yo quería estudiar teatro, ojalá en la Católica. Pero, mis padres no pensaban lo mismo. Ello siempre me apoyaron en mis actuaciones como simple amateur, pero para ellos eso era sólo un hobbie y querían algo que fuera rentable y que me permitiera tener una buena vida. Yo no había pensado en nada más, en realidad fue frustrante verme en cuarto medio sin tener idea de qué más me gustaría hacer con mi vida. Y lo que pasó es la pura y santa verdad...

Agarré mi libreta de notas y empecé a mirar en que ramos me iba más o menos bien, mi papá por un lado me decía que estudiara contabilidad, porque daba buena plata, pero mirando mis notas en matemática, ése sí que habría sido un fracaso. En castellano tenía notas bastante decentes, pero donde realmente me destacaba era en inglés (bueno también tenía puros MB en religión, pero obviamente no me iba a meter a monja). Ahí fue cuando decidí que quería estudiar algo que tuviera relación con inglés, pero ¿qué?. Necesitaba encontrar algo que me convirtiera en profesional, una palabra que había escuchado tantos años y que hasta hace poco he logrado comprender.

Fue así como llegue en 1995 a una escuela de traductores para estudiar la carrera de traductor e intérprete de enlace. Los primeros años fueron muuuy difíciles, de partida no me adaptaba a mis compañeras, la mayoría eran puras cuicas de ésas que no aguanto, hablando de puras grandezas y marcas de jeans. Pero con el tiempo me fui haciendo amiga de un grupo de chicas con las que hasta el día de hoy tengo contacto y con quienes nos queremos mucho aunque nos vemos muy poco (ustedes saben chiquillas que siempre las llevo en el corazón), pero lo peor fue verme en una verdadera clase de inglés, con un profe gringo hablando inglés a mil por hora. Los primeros dos años me plantee muchas veces salirme de la carrera, pero por suerte decidí seguir adelante y terminar lo que había comenzado. Mi oído se fue adaptando y en las clases de traducción me iba muy bien. Y así en 1998 egresé y luego en 1999 me titulé en una ceremonia privada.

Ya han pasado hartos años desde que me convertí en traductora, y gracias a Dios no me arrepiento, es una carrera muy bonita, un ARTE, como me quedó claro en una clase de esos años. Para algunos el traducir es una ciencia, pues tratan las palabras como unidades, como si fuera una suma. Para mí se trata de un arte, quizás por eso todavía tengo problemas con la gramática, pues para mí eso hace que todo sea demasiado estructurado, al igual que usar programas tecnológicos como Trados, que también trata a las palabras como si fuesen unidades de una ecuación.