Guerras de Pintura
Hace un par de semanas nuestro amigo Mauricio, o más conocido como Mono, nos contó que había participado en las famosas guerras de pintura, los ojos de mi marido llegaron a brillar, estoy segura que a su memoria llegaron todos esos recuerdos de cuando hace trece años hizo su servicio militar.
"¿Podríamos ir algún día?", dijo el Mono. El Gabo (mi marido) asintió cual cabro chico frente a una tremenda montaña rusa. Yo la verdad pocazo pesque, tal vez por eso la semana pasada la invitación no se hizo extensiva a mi persona.
Por ahí por el miércoles de la semana pasada, el Gabo me cuenta que el Mono lo había llamado para invitarlo este domingo a la famosa guerrita. "Es un poco caro, cuesta nueve lucas", bastante caro le respondí yo, pero bueno, el pelado (como también le digo a mi marido) tiene re pocas distracciones, en cambio yo cada vez que me sale una ida al happy hour, soy la primera en confirmar mi asistencia. "Ya anda no más, yo aprovecho de regalonear con la niña".
Como estarían de entusiasmados estos cabros, que el Mono incluso llegó a alojar el sábado en la noche, pero como nunca, se acostaron tempranito y ni un roncito se tomaron.
El domingo a las 7.30 de la mañana escuche el despertador del celular de Mauricio, a las 8 ya estaban los dos levantados, duchados y tomados de desayuno, el Gabo con su eterno buzo gris, el Mono con pantalones militares (musho lusho mono!!) listos para partir. Hace tiempo que no veía al pelado tan entusiasmado.
"Yo creo que volveremos como a las 2", me dijo el Gabo antes de irse. "Ya po, los espero con almuerzo a esa hora". Debo decir (Gabo no te sientas), que hacía tiempo que no tenía un domingo tan relajado. Aproveche de hacer aseo, salimos con la Amanda a dar una vuelta y jugamos tiradas en el pasto e incluso me alcanzó el tiempo pa hacer el almuerzo.
Como a las 3 de la tarde me llama el Pelado avisándome que venían recién saliendo y que en media hora estaban en la casa. Yo la verdad me lo esperaba y no estaba ni apurada con la comida.
Cuando llegaron me di cuenta que lo habían pasado chancho, venían todos sucios, con el pelo tieso y todavía se notaba la adrenalina en sus caras. El Gabo estaba fascinado, durante todo el almuerzo no hicieron más que hablar de la guerra: que me mataron, que lo masacre y bla bla. Ni se dieron ni cuenta lo dura que me había quedado la carne. A mí me faltaba el puro bostezo. "Caro, ¿te tinca ir pa la otra?", ejem ejem. Yo creo que no, no sirvo pa las guerras, soy un poco torpe y más encima floja, no me hallo corriendo como loca dentro de dos cuadras de arbustos, matorrales y zonas verdes. "Pero si habían ene minas", me decía el gabo. Bien por ellas, le decía yo.
Igual encuentro un poco irónico esto de la guerrita de pintura, existe una posibilidad que nos vayamos a guerra con Perú, y eso me para los pelos de punta, aunque igual dudo bastante que pase algo así. Ya no somos cavernícolas y hay tratados y organizaciones que supongo de algo servirán. El sábado pasado, le pregunte al Gabo. "¿Amor si hay guerra, tú no tendrías que ir cierto?", "No sé, quizás sí, como hice el servicio militar en Arica, podría existir la posibilidad", me respondió. Uf en mi gran imaginación me sentí como Nicole Kindman en Los Otros (yaaaaaaaaaa le puse musho). Como dije soy una gran pensadora y pienso y pienso. Mejor prefiero que siga pasándolo bien jugando a la guerra con pintura, que me lo vayan a llevar a la frontera a una guerra de verdad


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