Devuélvannos el verano
Es febrero y me pongo a pensar, ¿Qué pasó con aquellos eternos veranos de la infancia? Recuerdo que esos tres meses veraniegos pasaban muy lentos, las calurosas tardes eran eternas y las ganas de jugar no se acaban nunca.
En esos días no nos bombardean con tanta publicidad escolar, las grandes tiendas nos dejaban olvidar el temido colegio por largos meses. Escuela, uniforme y cuaderno no existían en nuestro vocabulario estival y todo lo que necesitábamos era una pelota y el grupo de amigos del barrio. No había que hacer tareas, y nuestros días pasaban jugando en la calle hasta que alguno de nuestros padres nos llamaba para irnos a dormir.
El festival de Viña era un evento, una semana que invadía nuestros televisores con gente famosa y grandes artistas. No existía la televisión por cable y era prácticamente el único panorama que existía. Además era difícil luchar contra mamá, que se instalaba frente al único televisión de la casa para ver a Julio Iglesias.
Como olvidar el terremoto de 1985, que pese a que fue un 3 de marzo, para nosotros fue en pleno verano. Si volviera a pasar en estos días, nos pillaría a todos en el trabajo o en un taco.
Siento nostalgia, ahora siendo adulto, diciembre, enero y febrero son tres meses que se pasan demasiado rápido. Apenas se disfrutan dos semanas de vacaciones y los fines de semana se van como agua entre los dedos. Sin embargo, creo que esta sensación va más allá. ¿Recuerdan cuando eran niños y todo les parecía grande?, La casa de los abuelos era una enorme mansión que visitábamos muy seguido, la encontrábamos grande y jugar ahí era fascinante, porque siempre encontrábamos algo nuevo con que entretenernos, alguna reliquia de los "tatas" quizás. Ahora, las pocas veces que visitamos la casa de los abuelos -si es que todavía contamos con ellos- no podemos evitar preguntarnos ¿Achicaron la casa? ¿Hubo remodelación? ¿Por qué esta tan chica?
Esa idea da vueltas en mi cabeza, y creo que ésa es la razón de porqué al menos para mí, los veranos se hacen tan cortos. Quizás si vuelvo a pensar como niña, mis veranos volverán a ser un poquito más largos...


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