martes, marzo 23, 2010

MI TERREMOTO

Todavía cuesta convencerme que no solo he vivido un terremoto (el de 1985 cuando tenía 7 años), que ya son dos veces que me ha tocado experimentar la furia de la naturaleza.

Vivo en un país sísmico, y estamos súper acostumbrados a los temblores, yo de hecho no les tengo miedo y muchas veces me he quedado tranquila mirando como todo se mueve mientras tiembla. Pero esa noche del 27 de febrero, algo me hizo saltar de mi cama en el mismo instante que desperté con el movimiento. Llevaba con suerte una hora durmiendo, habíamos llegado a casa pasadas las 2am de la fiesta de cumpleaños del vecino que vive en la casa de al lado, habíamos pasado una jornada muy entretenida con nuestros amigos, de hecho varios habían bebido bastante y seguramente se habían dormido como troncos, yo por mi estado solo había tomado bebida, eso me jugó a favor a la hora de reaccionar, de inmediato desperté a Gabriel, ordenándole que se levantara de inmediato pues estaba temblando "fuerte", a pie pelado me dirigí a la pieza de Amanda, con la idea en mente de que pronto pararía y que seguramente me tendría que devolver a mi cama sin ella, pero no, al llegar a su pieza, me di cuenta que cada vez era más fuerte, sin dudar la tomé en brazos y la saque de la pieza, ahí me esperaba Gabriel, con las luces prendidas, con su ayuda bajamos las escalera. Qué gran suerte tuvimos, pues al llegar al primer piso, se corta la luz y quedamos en completa oscuridad, caminamos hacia la puerta de salida, mientras escucho de fondo como caen los platos en la cocina y muchos otros ruidos de quebrazón que no reconocí. Gabriel abre la puerta y ahí nos quedamos los tres en el marco de la puerta, abrazados, Amanda despierta en mis brazos y comienza a preguntar ¿qué pasa mamá?, a lo que yo con toda la calma que pude le expliqué "¿te acuerdas que te conté de los terremotos?, pues este es uno". En eso, veo que Freud sale corriendo y Gabriel hace el intento de agarrarlo, yo lo afirmó de un hombro y le digo: "Gabo, déjalo, él se sabrá cuidar". Pasan los segundos que en ese momento eran horas, me empiezo a poner muy nerviosa, esto no para, nuestro auto salta y se disparan las alarmas de los autos, por mi mente pasan mis padres, mi hermanita que tanto miedo les tiene, mis suegros y cuñados que viven en esa casa tan antigua, todos mis amigos que viven en departamentos y ya me empiezo a desesperar, pero debo guardar la calma pues mi pequeña hija sigue en mis brazos agarrada a mí, solo atino a murmurar... "Dios mío, Dios mío" y Gabo solo atinaba a decir "Ya po suéltanos".

Ya por fin, después de eternos dos minutos, el movimiento empieza a ceder, siento a una vecina gritar y Gabriel en calzoncillos se asoma a la reja para tratar de calmarla, poco a poco empiezan a salir todos de sus casas y comenzamos a reunirnos en la calle para apoyarnos mutuamente.